Viacrucis 2008.
Por Jorge Rosales Contreras.
San Ignacio Cerro Gordo, a 17 de Marzo del 2008. En punto de las 10:30 AM comenzó el tradicional vía crucis viviente en San Ignacio Cerro Gordo, donde se representa la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor. El punto de inicio fueron los Arcos de Entrada, a un costado del Colegio Niños Héroes. Un escenario montado y bien decorado, sobre un remolque, nos remontó al momento en que Jesús fue entregado por Poncio Pilatos a los fariseos para ser crucificado. Un Jesús físicamente bien representado, al igual que los dos ladrones, los soldados romanos y todos los participantes, dieron a este evento una vista magnifica. Cada estación fue decorada por un escenario que representa los principales puntos en el andar de Jesús rumbo a su muerte: su entrega a los fariseos, las tres caídas, la Magdalena, el encuentro con su Madre, su consuelo a las mujeres, su crucificción y muerte, su resurrección, etc.
Delante del contingente, nos acompañaban los monitores del evento que, estación por estación, fueron relatando lo sucedido al Nazareno y guiando las oraciones y peticiones. Los jóvenes que participaron en las Pascuas Juveniles, vestidos todos de negro en signo de arrepentimiento y penitencia, formaban una valla humana para evitar que la gente se desbordara hacia el contingente. Cada oración y peticiones se centraron en los problemas de nuestra sociedad actual, se reflexionaban y se pedía por su solución.
Durante casi dos horas los asistentes soportaron el calor que comienza a sentirse en el pueblo y acompañaron con entrega y penitencia a nuestro Señor Jesucristo.
Por la noche, después de una tarde de duelo y de la adoración de la Cruz, en la Plaza El Centenario y en punto de las diez, se reunieron centenares de personas, sobre todo jóvenes para participar en la Marcha del Silencio. Esta marcha es la forma de acompañar a Nuestra Madre María en su pena y a la vez hacer oración en silencio por el sacrificio y entrega de Jesús por la salvación y conversión del mundo. Nadie habla, nadie se ríe, sólo s escucha el redoble de los tambores y se aprecian las velas y antorchas que los que marchan llevan para iluminar el camino.
Encapuchados de blanco llevaban una cruz envuelta con una sábana blanca, los tambores marcaban el paso de la marcha por las calles de nuestro pueblo, la gente que no pudo asistir salía al encuentro y oraban en voz baja. De regreso en la plaza principal, el señor Cura Miguel Magaña agradeció a los participantes y dio su bendición. Uno a uno los encapuchados fueron desapareciendo dentro de la oscuridad de la entrada del templo parroquial.
Fue una Semana Santa muy provechosa para quienes se esforzaron por realizar un cambio en sus vidas, un cambio que comenzó como propósito junto con la Cuaresma y que, día a día, mostrará sus frutos a la sociedad mediante la participación y entrega fiel en cualquier actividad ya sea social o religiosa para servir a nuestro pueblo.
| Marcha del Silencio: Viernes Santo |
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