En 1854 queda separado el Mayorazgo de Cerro Gordo y Milpillas, muy posiblemente a causa de la defunción de don Manuel Castañeda en 1950. Con esto surge otra época de la Hacienda de la Trasquila.
La Trasquila siempre perteneció a Tepatitlán, hasta que el 28 de Febrero de 1857 por gestiones del arandense don Jesús L. Camarena, gobernador de Jalisco, pasó junto con los ranchos de Capulín Verde, Presa de barajas, Coyotes, Parte de El Tule, Suaces, Agua Nueva, Regladero, San Vicente, Buena Vista, Sacamecate, Colorines, Jaquetas, San Ramónm Cedazos, Espino, Santa Rita, Pastores, Higuerillas, San Antonio, Hospital, Saladero, Tepozán, Iguana y Presitas, que integraban parte del cuartel 13 y 14 a pertenecer a Arandas.
El decreto 49, promulgado el 9 de Enero de 1862 devolvió temporalmente a Tepatitlán los ranchos segregados; pero por el decreto 292 del 22 de Mayo de 1872, se anexó definitivamente los cuarteles 13 y 14 a la población de Arandas. La linea divisoria con San Miguel el Alto aún con los decretos expedidos por la Legislatura del Estado, números 292 y 437, de fechas 22 de Mayo de 1872 y ( de Julio de 1875, no quedó definitivamente arreglada.
La línea divisoria de Arandas con los Municipios de Tepatitlán y Atotonilco quedó arreglada con el decreto 292. La división con Ayo el Chico (hoy Ayotlán) se ajustó a una disposición del gobierno eclesiástico de 14 de Abril de 1803 y la línea divisoria con Jesús María fue arreglada por comisiones de vecinos de ambas municipalidades.
Más referencias de la vida en la Trasquila.
Platica doña Rosario Orozco viuda de Orozco:
Don Manuel González Castañeda y Medina era Español, se casó con una señora de aquí mismo, Luz Navarro, prima hermana de Cruz Orozco. Tuvieron una hija llamada Marina que se casó con don Teodoro Macías (luego dueño de la Trasquila) de San Miguel el Alto Jalisco.
Don Manuel fue un hombre muy rico, cando él llegó las tierras estaban ppbladas por indios, los cuales corrieron y los que quedaron fueron sometidos a trabajos rudos: labrar madera, hacer carbón en el Cerro Gordo y construír sus propiedades.
>La extensión de estas propiedades llegaba hasta Lagunillas, cerca de Atotonilco, en sus alrededores, y desde allí en linea, limitaba con Zacatecas.
Tenía primeramente sirvientes en sus terrenos. Luego formó la Capilla, muy chica, a la cual iba seguido a recibir bendiciones sacerdotales y a escuchar la palabra de Dios. Tenía un portal largo a la entrada que llegaba hasta la casa principal y al lado una tienda llamada La tienda de Enfrente. Ya hecha la capillita rejuntó don Manuel a todos los sirvientes y formó la Hacienda para defenderse de posibles ataques indios.
Todas las casitas eran de palo, las paredes y techos de sacamecate; primeramente fueron 100 casitas. Cada casa tenía 2 ó 3 habitaciones. No existía carcel y la gente se dedicaba a la cría de borregos y a la agricultura principalmente.
La Hacienda estaba amurallada, tenía tres puertas: la del oriente se llamaba el Puntito. Los portones o entradas eran demasiado grandes; por dentro tenían unos palos redondos, llevaban una cadena entremedio y en la parte baja cerrada con un candado.
La muralla de la Hacienda ocupaba un espacio que llegaba sus límites hasta lo que hoy es de Gregorio Ríos, por el oriente; por el poniente a la casa del señor Ignacio Hernández Tejeda; por el sur con la casa de la señora Trina Franco. En el centro de la Hacienda estaba la plazuela, que poco a poco ha cambiado. Tenía unos fresnos grandes y viejos, además estaban unos bancos de raíces también de muchos años.
Había dos tiendas: la de arriba, de doña Lucita Navarro, que tenía abarrotes; la de la plaza, de Jesús Barba, con vestimenta.
El origen de la tienda de arriba es muy bonito: don Manuel era persona muy buena, cuando le habló a su futura esposa alla le contestó: No señor, no me caso porque usted es rico, finalmente la convenció y se casaron. En cierta ocasión se encontró a su esposa muy deprimida, le preguntó cual era la causa y ella dijo: No es justo que nosotros tengamos tanto mientras los demás padecen hambre. Inmediatamente le comunicó que le pondría una tienda para que regalara lo que quisiera y a quien ella decidiera.
Su esposa Luz, también conocida como Lucita, quedó huérfana de muy pequeña, protegiéndola Joaquín Orozco y María.
Estas tiendas tenían como moneda equivalente a un peso una en forma de triángulo. Además tres centavos equivalían a una cuartilla; seis centavos eran igual a medio peso (cobre) y 12 centavos igual al real (cobre).
Con la construcción de la Hacienda hicieron un tunel para que no vieran a las personas de confianza cuando salían a hacer pagos o esconderse en caso de emergencia; iniciaba en la casa principal, ahora de don Esteban Orozco, para salir fuera de la muralla a lo que hoy es de Salvador Orozco Ramos en la calle Francisco I. Madero. Como seña de la entrada aún se encuentra una piedra grande junto a la cochera.
Estas tierras percibieron los estragos de la Independencia: cuando se desarrolló la batalla en el Puente de Calderón, muchos guerrilleros llegaron a la Trasquila.
Era tanta la riqueza de don Manuel Castañeda que sacaba a que le diera el sol al dinero en canastas pizcadoras y con palas. Como no había bancos, la mayor parte del dinero lo dejaba enterrado en partes de su casa, los cuales han sido sacados en su mayoría, beneficiando a los que hoy constituyen la riqueza de San Ignacio.
El bosque del Cerro Gordo era muy tupido. Tenía árboles de muy buena calidad como: encino, palo colorado, huizache, palo dulce, madroño y plantas, entre ellas la tepoza, uña de gato; animales como lobos, coyotes, tlacoyotes, gato montés, venados, tejones, ardillas, conejos, liebres, etc. Además, la tierra negra del Cerro Gordo tenía mucho guano y su madera también servía para hacer carbón.
Poco a poco fueron llegando personas de todos lados para explotar montes y trabajar la tierra. Desde luego poniéndose a las órdenes de los dueños, quienes ofrecían hospitalidad a todos sin distinciones y esto hizo que el florecimiento fuera en aumento hasta llegar a formarse casitas alrededor de la Hacienda llamados medieros.
Hubo una rebelión llamada de los Mochos y los Chinacos que abarcó todas las tierras de don Manuel Castañeda: Pastores, El terrero, La Providencia, Los Dolores, El Cedazo, Palenque, San Antonio, Las Cruces, El Pueblito, Regladero y Colorines. Esta revuelta fue sangrienta, no había armas de fuego, sólo armas blancas.
Teodoro Macías ( Rosario Orozco )
Era originario de San Miguel el Alto Jalisco, Municipio colindante con Arandas. Cuentan que cuando novio de Marinita la Hija de don Manuel Castañeda, ella le mandaba dinero con unas viejitas en unas redes debajo del vestido porque él era muy pobre, trabajaba en una tienda en San Miguel. Tuvieron cinco hijos: Teodoro, Conrado, Enedina, Adelaida y Clotilde.
Cuando murió Marinita, don Teodoro se casó con una señora llamada Nazarea doña Nazarita, muy gorda. En tiempo de lluvias se venían a esta haciendita. Tuvieron cinco hijos: Juan Teodoro, María del Refugio, María de la Luz y Conrado.
El padre Ignacio Rodríguez, encargado de la parroquia de Arandas, certificó que en el archivo se encuentra un libro forrado con badana encarnada, marcado con el número 14, en el que se comenzó a tomar razón de los entierros que ocurren en dicha parroquia desde el 1 de Mayo de 1861 y a foja 43 se registra una partida: en la Trasquila a 20 de Octubre de 1861, el presbítero Francisco A. Del Valle dio sepultura a doña Marina Castañeda de Macías, de 29 años, la cual murió de Fiebre en la Hacienda. Se asentó esto el 22 de Noviembre de 1861. A su muerte todas las pertenencias pasaron a manos de sus hijos y su esposo Don Teodoro Macías.
Otros datos sobre San Ignacio Cerro Gordo.
Sólo existían dos caminos de poca importancia saliendo de Arandas, uno para llegar a la Hacienda de la Trasquila y otro hacia la congregación de San José de Gracia, los cuales eran carretera en tiempos de verano y en las lluvias impedían el paso las avenidas del Río Sánchez.
De Arandas a Cerro Gordo 7 ½ leguas, a la Hacienda de la Trasquila o de Cerro Gordo 6 leguas.
Dueño de la Hacienda de la Trasquila.
En el archivo municipal de San Miguel, en 1870 aparece como dueño de la Trasquila don Teodoro Macías, y dice que el 2 de Febrero de 1870 en la Hacienda de la Trasquila, don Tomás Gutiérrez disolvió la fuerza que tenía y entregó armas y pertrechos a don Teodoro Macías.
Fundación de San Ignacio.
La Familia Macías.
De la Familia de Adelaidita, Enedina y Adelaida, se casaron con dos hermanos apellidados Guarro. Tuvieron como hijos, doña Adelaida a don Jesús Guarro y Jesús Guarro a Angelina, Jaime, Lola, Alfonso; Don Jesús Guarro era un señor bien parecido.
Don Teodoro tenía un mandadero que se llamaba Abraham, alto y fornido, se murió en Guadalajara y lo enterraron en el camposanto, lo traía por las calles con un chicote cuidando el orden; podían andar de dos en dos, pero no de tres o más. Un día el padre de un muchacho fue con don Teodoro porque don Abraham le había pegado a su hijo. Estaba comiendo, y le dijo que pasara. El hombre contó de qué se trataba Don Teodoro respondió: ¿Crees que gasto tres centavos por el bien mio? ¡No! Puedes irte a donde quieras, eres libre. El hombre no se fue.
La Hacienda tenía 60 medieros. Pagaban 25 centavos por día cuando la siembra era de trigo. También los mandaban a otro rancho llamado las Galeras, en donde además, les daban cuatro litros de maíz diarios. El mayordomo de ese rancho era don Miguel Castellanos, y del rancho El Águila don Pancho Loza, el que también tenía la Hacienda de la Mata.
Cuando se hizo pueblo ampliaron la capillita y le hicieron dos naves, le quitaron 40 metros al Potrero Grande y 40 metros a Doña Trina Franco. El Potrero Grande era de don Guadalupe González.
Festividades religiosas.

Se hacía una Samana Santa muy bonita, venía mucha gente de muchos lados. Representaban las insignias vivas. El Señor era Sixto Barba y los dos que lo cuidaban eran muchachos pequeños.
Salía el Señor por el Puntito (una de las puertas de la muralla de la Hacienda) y la Virgen venía del lado donde se encontraba el panteón. Allí se encontraban, y sacaban el piano de la capilla a ese lugar. En el sermón lloraban las gentes al comprender el evento. Salía por un portón simón Irineo ( caracterizado por Pablo González) en un caballo y con un pitito, en cada esquina la espía le contestaba. Traía un bule de agua en la cabeza de la silla para borrar el rostro del Señor. Los espías andaban andaban por los aguajes a no querer dejar lavar la Semana Santa.
Se acabó esta forma de representación por sero otra gente. En vida de don Porfirio Díaz se respetaba. Don porfirio sólo dejaba casar a la mujer de 20 y al hombre de 25. La mujer se pedía con una carga de leña y si se le aceptaba la metían.
Del culto y sus ministros.