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Historia de San Ignacio Cerro Gordo
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Primera Parte
(Por José Zócimo Orozco Orozco)
San Ignacio Cerro Gordo es su nombre oficial; también conocido por la Iglesia como San Ignacio Cerro Gordo de Loyola, se encuentra ubicado hacia donde el sol sale, al Oriente de Jalisco, y además es la más progresista delegación de las cuatro que integran el Municipio de Arandas y que el 04 de Diciembre del 2003 obtuvo su independencia de Arandas para en el año 2007 convertirse en un nuevo municipio, el municipio 125 del Estado de Jalisco.
Antes y después de la Conquista se encontraban personas empeñoladas en el legendario Cerro Gordo. Durante la Colonia, en este lugar surgió el Mayorazgo de Cerro Gordo y Milpillas y en la parte correspondiente al Cerro Gordo, la Hacienda de la Trasquila, hasta el siglo pasado, para dar paso a la hoy población de San Ignacio Cerro Gordo.
Geología.
La Era Terciaria o Cenozoica es muy importante puesto que en ésta época el Cerro Gordo fue un volcán, como lo expresa el presbítero Severo Díaz Galindo: “ El Cerro Gordo también tiene la apariencia de haber sido un volcán, por descubrirse en él rocas basálticas y algunas corrientes de lava que parten de la cúspide de la montaña hacia sus faldas. El aspecto de Cerro Gordo es el de un volcán extinto hace muchos siglos. Dicho cerro tiene una altura de 369 metros sobre el nivel de Arandas y 2,374 metros sobre el nivel del mar” por lo cual es uno de los más altos del Estado.
Arandas fue un lago muy posiblemente en estos tiempos, basándonos en lo mencionado por Severo Díaz Galindo y Medina de la Torre: “Tres clases de terreno son los que constituyen al suelo de Arandas: en la parte de los altos es tierra roja; en el lado oriental del valle del Sauz de Cagigal, el suelo se compone de tierra blanca cascajosa, muy difícil para cultivarse; y la del poniente del mismo valle y todo el Bombela, es tierra parda, arcillosa y cargada de humus, pues se nota que en los cauces pequeños de los arroyos y a una profundidad de un metro, se ve un lecho de piedrecillas y arena, lo que revela que hace muchos años los dos valles fueron uno solo.” La meseta de los Altos es formada por erupciones volcánicas sobre terrenos de sedimento y en edades remotas. Abundan gran cantidad de rocas de origen ígneo y acuoso.
El Lic. Francisco Medina de la Torre, quien hizo la monografía del Municipio de San Miguel el Alto, confirma la presencia en el Municipio de Arandas de terrenos lacustres: “ La comarca que ocupa el municipio contiene rocas de sedimento y otras de origen plutónico; las de sedimento se encuentran estratificadas vertical y oblicuamente; en el bajío se San Miguel el Alto que se prolonga por el noreste hasta Lagos, contiene terrenos lacustres e inmensas capas calizas, siendo en la superficie tierra parda arcillosa y cargada de humus, observándose en los deslaves de los ríos que cruzan el bajío o valle inclinado, un lecho general de piedrecillas grandes y cantidades de arena”.
En uno y otro caso se trata del gran lago que de estos parajes se dirige al gran bajío de Guanajuato, conforme a las ideas de Waitz tal vez las huellas encontradas por estos dos buenos observadores correspondan a la margen de dicho lago que venía a morir a esas alturas para dejar la meseta como una isla entre el lado Jalisciense y el respectivo a Guanajuato.
Primeros Pobladores.
Los primeros habitantes del Cerro Gordo fueron Otomíes, pero se les designó como bapames, pinos, otomatlatolin, amultecas, coras, cocas, tepehuanos, huicholes, tecos, tecuexes, tecuanes, tecumalmes, tecoximes,etc. Que procedían de la Mesa Central. Su peregrinar se virtió hacia los rumbos de teocaltiche, Tepatitlán y Arandas, contando con la protección montañosa y aún más era un paso obligado a su recorrido. Esa tribu habitó el legendario Cerro Gordo, hoy conocido así y como el Picacho, San Miguel el Alto o Atoyanalco, Jalostotitlá, Tepatitlán y más pueblos del oriente de Jalisco.
En el Libro Antecedentes Históricos e Arandas, Jalisco, de Indalecio Ramírez Ascencio se afirma: “ Restos” arqueológicos de los primeros habitantes de Arandas existen en el Cerro Gordo, el Caracol, en lo alto y en las faldas a lo largode la cordillera en Edificios, Mesa del Meco y en el Cerro de Farfán...”
Ramón Sánchez dice: “ La opinión nuestra en creer que los primeros moradores de estos lugares, después de los tarascos, fueron chichimecas se funda: primero, en que esta última raza como nómada, no levantaba población de importancia, y solamente se encuentran aún ruinas de construcciones de poca importancia en los cerros del Gusano, Gordo, San Judas y Cuesta de Edificios; y otras rodeadas de fuertes murallas de piedra que sirvieron indudablemente para resistir el empuje de los conquistadores españoles y de los otros habitantes de la región, pues es sabido que se hallaban en constantes guerras. Segundo, en que a inmediaciones de Atotonilco hay un punto nombrado el Chichimeco y cerca de Silao se encuentra otro denominado Chichimequillas. Tercero, en que todos los historiadores están de acuerdo en que el territorio situado al lado del Rio Lerma se hallaba habitado por chichimecas, fundaron los Conquistadores las poblaciones de Lagos y Zamora para evitar sus avances.”
Estos primeros habitantes eran gente de bestial fiereza, dormían en la tierra desnuda; diestros en el uso del arco y borrachos daban infernales aullidos.
Estos fijaban sus pequeñas poblaciones arrepechadas en los montes o cerros como recurso lógico para protegerse de los ataques saqueadores de tribus chichimecas. LA fabricación de viviendas era de cantera, tepetate, de adobes de zacate; de una planta, el techo de tierra y zacate, con unas pequeñas ventanas. Esto está demostrado en restos arqueológicos en diversas partes de Arandas, como el Cerro del Caracol.
Vestimenta. Vestían túnicas de pechotl y una semejanza de timatli para cubrir sus espaldas. En ocasiones la túnica era de piel de venado. La vestimenta era sencilla aunque recargada en festividades religiosas. Vistoso plumeros teñidos de diversos colores y en grupos bailaban sones al compás del tepenahuate (instrumento musical más fabricado) y castañuelas de piedra negra sonora; y collares hechos de piedras de yeso y cuarzo que eran extraídas de ríos y tierras aledañas al Cerro Gordo, preferidas por su brillo.
Artesanía. Tejían en el zapastle y usaban en el trabajo chiquihuitl de carrizo de lana y popote, el maíz era a base de cordones de colores. Fabricaban petacas de carrizo y jara llamadas quilihuas. Estos productos los intercambiaban.
Religión. La religión fue enseñada por tribus peregrinantes de nahoas. Creían en el dios creador de todo lo existente que premiaba las buenas acciones “Ixtlacateotl” era el dios invisible, como lo veneraban en Tonalá; además, “Teocoatl” dios serpiente, esto confirmado por el hallazgo de un ídolo en el Cerro de la Corona. “Tlacatecolotl” búho racional, divinidad maligna anunciadora de tragedias; “Heri”, poseedor del conocimiento total e inspirador de los sacerdotes y militares. Los dioses eran frecuentemente festejados con ofrendas: flores regionales, frutos y el sacrificio de águilas, conejos, venados y otros animales.
Sus templos eran pequeños como queda demostrada con las ruinas encontradas en el Cerro de la Corona y otros lugares. Los sacerdotes eran llamados “Teopicques” y también desarrollaban actividades militares. En tiempos de guerra, los templos servían de fortalezas.
Tenían la creencia de la Vida después de la Muerte como es visto en los sepulcros encontrados en las Cuevas, Cerro de Tecomatl, Cerro de la Corona y otros; además de los platos, molcajetes, metates, armas e indumentarias junto a los que quedaban los huesos que demuestran que efectivamente hacían ofrendas y la creencia en la vida futura de compensación o castigo según sus acciones, para lo que eran provistos de estos objetos.
Matrimonio. El ritual del matrimonio también existía. La poligamia era común, lo que les permitía tener tantas mujeres como pudieran. La mujer tenía las mismas posibilidades y derechos que los hombres: intervenir en el consejo, en la guerra el trabajo de la tierra y las artes.
Agricultura. Era la principal actividad de los tecuexes. En los centros ceremoniales en San Miguel el Alto, se han encontrado campos cultivados de patotes o frijol, alid o maíz, chili, camotl, clalcacahuatl, maguey o metl y el pochotl. La siembra se realizaba mediante coas de madera con puntas de pedernal.
Cacería. Los montes a su alrededor permitían criar cocos y venados así como gamitos y cabritillos. Los huevecillos y cuajos se vendían a dos reales cada uno; además la carne era consumida por ellos mismos.
Luego que Nuño de Guzmán concluyó la Guerra con los indios de Cuitzeo, envió al capitán Pedro Alméndez Chirinos hacia la parte norte para que viera y supiera si la primera derrota que tuvieron desde su salida de la Ciudad de México era cierta y encontrara noticias de las “amazonas”, para lo cual le dio 150 soldados españoles a caballo y treinta a pie, y quinientos mexicanos tlaxcaltecas. Salió de río Cuitzeo a Zapotlán del Rey, al Valle de Acatic y a Tzapotlán de Juan Saldivar, grandes cabeceras y a Tepatitlán, hasta Cerro Gordo.
A medida que se allanaban los tecuexes, tonaltecos y los cocas de Tlajomulco, al recibir el suave yugo de la cristianización, se fue estableciendo el catolicismo al lado del poderío español en todos los pueblos. Junto a la caridad y bondad de los misioneros, los indígenas veían la ambición y dureza de los conquistadores. De 1540 a 1542 se agotó la paciencia de los indómitos teules, caxcanes y tecuexes. Animados por la idea de la liberación, aliados con Tzacatecanos, huamares y otros, se levantaron en armas contra el déspota conquistador.
Debido a lo aguerridos que eran los pobladores indígenas, la Cristianización en tierras alteñas corría peligro. Se inicia la Guerra del Mixtón. En 1541 sale de la Ciudad de México el Virrey don Antonio de Mendoza con la más lúcida caballería de esas tierras, además de diez mil indígenas mexicanos y tlaxcaltecas amigos para pacificar la rebelión y ayudar a Cristóbal de Oñate. Pasando a su recorrido por las faldas del Cerro Gordo que era refugio de muchas tribus chichimecas. Las grandes quebradas y ensenadas servían para hacer emboscadas, en las cuales murieron muchos españoles e indios que los acompañaban. Llegó a Acatic donde permaneció dos días, pasados estos se dirigió finalmente a Nochiztlán.
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El Virrey Antonio de Mendoza
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Terminada aquella tremenda guerra de pacificación y exterminio de la cual salieron victoriosos los conquistadores, misioneros y conquistadores decidieron trasladar a gran parte de los pueblos rebeldes a lugares distintos lejos de los suyos.
Por eso los indios de Xalostotitlán y San Miguel el Alto fueron llevados a Zapopan llevando consigo la Imagen de la Virgen llamada después de Zapopan. Establecida la pacificación y asegurada la tranquilidad con el cambio, don Antonio de Mendoza hizo venir a la evangelización de los caxcanes y tecuexes a Fray Miguel de Bolonia, quien antes administraba Michoacán. Este fraile aprendió muchísimas lenguas mexicanas y se le conoció como el “don de las Lenguas”.
La conquista dio fin a una fase agitadora para dar paso a la fundación, o más bien, repartición organizada de las tierras de la Nueva Galicia.
La Trasquila de la Colonia a la Reforma.
Es necesario aclarar que la Hacienda de la Trasquila en ningún momento perteneció al gran mayorazgo de la Hacienda de Santa Ana de Pecueco. Ha sido motivo injustificado considerar a Cerro Gordo y como consecuencia a San Ignacio fracción de dicha Hacienda, por el hecho de que formaba parte de Santa Ana un sitio llamado el Agostadero de Cerro Gordo, pero éste está cerca de Atotonilco al Alto, por lo tanto no lo es.
De acuerdo con la división de jurisdicciones desde tiempo inmemorial Cerro Gordo perteneció a Tepatitlán, y actualmente en su parte oriental, desde la cúspide pertenece a Arandas y la restante parte a Tepatitlán.
Orígenes de la Hacienda de la Trasquila (o de Zerro Gordo) o de San Ignacio Cerro Gordo.
La Hacienda de San Ignacio Cerro Gordo tiene su origen en dos Mercedes: la Primera hecha al Capitán Pedro Albarrán Carrillo el 23 de Febrero de 1697, consistente en cuatro sitios de ganado menor, habiendo quedado realengos de composiciones hechas en título antecedente confirmado por el superior Soriano. La segunda Merced íntimamente librada a favor de los hijos y herederos de Albarran Carrillo por el Licenciado don Francisco Feixoo Centellas del Consejo de su Majestad y Juez privativo del Juzgado General de Rentas y Composiciones de Tierras de este reino, el 16 de Diciembre de 1700, abarcando 16 sitios de ganado mayor y menor; un cuarto y tres cordeles que permanecieron realengos de dichas haciendas y baldíos.
La Primera Merced la podemos colocar en el plano del origen de San Ignacio Cerro Gordo, con fecha 23 de febrero de 1697. Ha sido señalado erróneamente por varios estudiosos de la historia como antecedente de la Hacienda de la Trasquila el año 1645, fecha en que Sebastián de Anda y no Andía recibe la dotación definitiva de estas tierras. El doctor Jesús González Mertín apunta:
Latifundio importante en los Altos fue el de la Hacienda de Milpillas; propiedad que se mercedó varias veces; por lo que su dotación definitiva data de 1645, cuando don Sebastián de Anda celebró una composición de tierras sobre las Haciendas de Milpillas y Cerro Gordo”.
El motivo de desubicación es al considerar que por el hecho de ser dueño de las Haciendas de Milpillas y Cerro Gordo a la vez por una misma persona, como lo fue doña Antonia Castellanos Martínez tiene su origen en la misma merced, lo cual es falso.
Don Manuel Nicolás de Mena, notario del Santo Oficio certificó los libros presentados en 1756 por el Capitán de infantería don Gaspar Ventura González de Castañeda, dueño de las Haciendas de Milpillas y San Ignacio “Zerro” Gordo, citadas en las jurisdicciones de la Barca y Tepatitlán, donde constan los títulos y mercedes de las tierras y aguas de que se componen las referidas Haciendas, el primero (Milpillas) librado en la Ciudad de Guadalajara a los 21 de Febrero de 1645, por el Licenciado Pedro Fernández Baeza, presidente y capitán de éste reino, a favor de don Sebastián de Anda de Arenta, y cinco sitios de ganado mayor y menor y treinta y seis caballerías de tierra. Por lo anterior queda aclarada la Merced concedida a don Sebastián de Anda y que no incluye a la Hacienda de San Ignacio Cerro Gordo.
Don Gaspar Ventura González de Castañeda solicita licencia para fundar otra capellanía en sus propiedades, para lo cual presenta dos libros, donde consta que cuando él recibió las haciendas de San Ignacio Cerro Gordo, Milpillas y San Cristóbal de Acámbaro tenía un valor de 60,000 pesos, incluidos 22,000 pesos de gravamen; siendo el precio al año de 1776 de más de 200,000 pesos de dicha Hacienda.
La Hacienda de San Cristóbal de Acámbaro al igual que las otras mencionadas fueron del capitán Pedro Albarrán Carrillo, marido en primeras nupcias de doña Antonia Castellanos Mertínez, y a la muerte del anterior fueron repartidas entre la madre y los hijos. Posteriormente pasaron a propiedad de don Gaspar al casarse con una hija de doña Antonia con la cláusula de fundar un gran mayorazgo, aunque las tierras eran de ésta, a él sólo le alcanzó el dinero para comprarse un título.
Por otra parte, también se le aplicó 67,000 pesos de gravamen a otras Haciendas del señor Gaspar, incluyendo la de Milpillas, para que se reconociese la venta por el capitán don Francisco del Balle Salazar del Orden de Santiago, marido de segundas nupcias de doña Antonia Castellanos Martínez.
El total de las propiedades de don Gaspar Ventura González de Castañeda era de 55 sitios, 48 de ganado mayor y 7 ¼ y 3 cordeles más de menor, con más de 26 caballerías de tierra.
En el segundo libro presentado por don Gaspar consta la escrituración y convenio celebrado por los herederos de doña Antonia Castellanos Martínez, ante el escribano don Juan Francisco de Catro, el 30 de Enero de 1747, consistente en la división de las Haciendas de San Cristóbal y Milpillas. La partición fue por el capitán de menores don Martín de Echegaray, aprobada por la Real Audiencia de aquella corte, el 7 de Septiembre de 1756.
En 14 de julio de 1750 se encontró el mandato del licenciado don Martín de Blancas, oidor decano de esta Audiencia y juez de Tierras, en que constan las diligencias practicadas sobre manifestación de títulos, sucesiones y demás instrumentos tocantes a las haciendas de San Ignacio Cerro Gordo y Milpillas presentados por don Gaspar en Guadalajara, a 21 de Marzo de 1757.
Doña Antonia Castellanos viuda del Capitán Francisco del Balle, caballera de la Orden de Santiago, vecina de México, deña de las Haciendad de Milpillas y Cerro Grodo otorgó poder el 27 de Mayo de 1737 por medio de su apoderado general don Ignacio José Pico. Juntamente comparece el apoderado de doña María Antonia Sánchez de Tagle, viuda de don Manuel de Argüelles y Miranda, vecina de México y dueña de la Hacienda de Ciénega Grande, ubicada en jurisdicciones de la Barca y Tepatitlán, don Bernardo Apolinar de Miranda. Por lo que Milpillas y San Ignacio Cerro Gordo no pertenecieron a Ciénega Grande.
El 7 de julio de 1736 ante el mismo escribano dijo doña Antonia Castellanos que se hacía dueña legítima de diferentes Haciendas: San José Bravo en Querétaro; San José El Maguey; la del Torreón en Zacatecas; Río Chico en Fresnillo; la de Juana González en la Villa de Jerez y Cieneguilla en la Barca, Colimilla y Matatlán; todas de ganados menores y mayores, labores y obrajes en cada una de ellas. Otorga todo el poder cumplido en derecho a don José Sánchez Lavadero, vecino de ésta ciudad, para que en su nombre y representación cuide y administre las mencionadas Haciendas.
Existe otra referencia considerada como tal por don Indalecio Ramírez López al afirmar que la más remota referencia que se tiene de la Trasquila se encuentra en la Merced hecha a Juan de Monterde, de dos sitios de ganado menor en Los Altos de Villanueva el 22 de Octubre de 1606, cercanos a Cerro Gordo, pero con el anterior desglose queda comprobado que no es la base de dicha Hacienda aunque sí de algún lugar cercano a ella.
El dueño anterior de Los Altos de Villanueva fue Andrés de Villanueva Riojano, y a quien se debe el nombre de Los Altos; a ñeste le cedió un sitio la Real Audiencia de Guadalajara el 6 de Mayo de 1578.
Del Nombre de la Hacienda de la Trasquila.
Utilizamos el nombre de La Trasquila como sinónimo de dicho lugar por estar más familiarizado en sus habitantes como antecedente de la población. Aunque inicialmente de conocía como Hacienda de San Ignacio “Zerro” Gordo.
San Ignacio en honor al Santo Patrono y “Zerro” Gordo como característica del lugar. Después, en el siglo XIX, se usaban indistintamente Hacienda de Cerro Gordo y Hacienda de la Trasquila, predominando en documentos como de Cerro Grodo.
El origen del nombre Hacienda de la Trasquila se debe a la gran cantidad de borregos que llevaban a la finca principal para quitarles la lana.
Fundadores.
En el primer libro de bautismos (1792 - 1803) se hace mención como fundadores de esas tierras, españoles puros, indios y mulatos, así como también de los siguientes ranchos: El Buey, Piedra Herrada, el Teposán, El Ciego, La Soledad, La Tuna, Boca de Leones, Ojo de Agua de los Aceves, Ramblas, La Presa, Santa Roa, Jaquetas, El Pueblito, Santa María, El Carrizal, Las Hormigas, Tule, Atotonilquillo, Teocaltitlán, San Antonio, San José de Cerro Gordo, San Antonio de la Cruz, Las Semillas, La Córdova, El Cacalote, El Carnicero, Sacamecate; como pertenecientes a la Hacienda de Cerro Gordo o de la Trasquila.
Para 1759, curiosamente, la población de La Trasquila era de 91 habitantes. Aquí radica lo importante de señalar dos censos seguidos, ya que la mayor parte de poblaciones de Nueva Galicia de un año a otro variaba tremendamente el número de personas porque emigraban a donde se les ofrecieran mejores formas de vida.
Rectificación de Sitios.
Se asienta el hecho de existir dos sitios de la Hacienda de Milpillas, para aclaración de dueño, uno de ganado menor y dos caballerías de tierra, el de los Morales y de Ciénega.
Comparecieron los mayordomos de Milpillas y Ciénega, alférez Tomás González de Figueroa y Marcos García. Se destacó que don José Pico encontró un sitio, entre los papeles de la Hacienda de Milpillas con fecha 6 de Febrero de 1548 por don Pedro Gómes Contreras, teniente de Justicia Mayor y comisario del señor Virrey de la Nueva España, situado entre el Cerro de Proaño y el Valle de San Silvestre, junto a la madre Vieja del río de Atotonilco, dado a favor de Pedro Sánchez de Tagle, poseyéndolo Ciénega y quedando a las dos Haciendas. El de los Morales, dado a Pedro Sánchez de Tagle, poseyéndolo Milpillas en adelante y quedando las dos Haciendas en renunciar a cualquier litigio.
José María Castañeda reclama dos sitios de ganado, El Carnicero y Paso de las Carretas, siendo dueño de las Haciendas de Milpillas y Cerro Gordo en 11 de Marzo de 1789.
El 13 de Marzo de 1789 le notifica a José María Castañeda el subdelegado de Tepatitlán, José Fernando Abascal, presente títulos del sitio Corriralejo o Guelotitán y del llamado Aguacate, cuyo sobrante se agrega, ya medido, al vínculo de Masatepec. En 21 de Octubre de 1803 se ordena practicar las diligencias y finalmente en Febrero 4 de 1804 el terreno sobrante es de un sitio de Masatepec.
Venta de Tierras.
Don José María de Castañeda y Medina, caballero del Cuerpo de Ronda, vende el 6 de Abril de 1802, a don José Antonio López de Heredia, vecino del rancho San Antonio, jurisdicción de Tepatitlán, 3 ½ caballerías de labor de pan llavar de las Haciendas de Cerro Gordo y Milpillas, adquiridas por venta celebrada en la Ciudad de México en 18 de Septiembre de 1788 a su padre, licenciado José González de Castañeda, alcalde de Corte, coronel y honorario de la Real Audiencia y Sala del Crimen en México.
El precio fue de 200 pesos oro común por cada caballería. Anteriormente José María de Castañeda había vendido 10 caballerías en 6 de Julio de 1801.
En 13 de Agosto de 1802 José María Castañeda vende a don Vicente Angulo, vecino de Atotomilco, 6 caballerías de tierra pan llevar, ubicadas en las Hacienda de Cerro Gordo y Milpillas, en 1,800 pesos, a 200 pesos cada caballería.
En 16 de Octubre de 1804 don José María González de Castañeda y Medina vende a don Miguel y Antonio Navarro 2 caballerías de tierra ubicadas a la falda del Cerro Gordo en 400 pesos oro común.
El 17 de Octubre don José María González de Castañeda y Medina vende a don Juan Francisco Hernández, vecino de Tepatitlán, el rancho San José del Cerro Gordo, 5 caballerías de tierra de labor; ubicadas en terrenos del Cerro Gordo y Milpillas, adquiridas por venta en la ciudad de México el 18 de Septiembre de 1788 a sus tíos don Juan Manuel, Gaspar Joaquín, Manuel, María Juliana y doña Ana María González Castañeda.
En 6 de Octubre de 1802 don José María Castañeda vende a López Heredia 2 ½ caballerías ubicadas en las Haciendas Milpillas y Cerro Gordo, adquiridas a su padre en la fecha anterior.
Con lo anterior, el señor José María González de Castañeda y Medina vende 32 caballerías de tierra de labor y con esto inicia la desmembración de una gran extensión de tierras del Mayorazgo de Cerro Gordo y Milpillas.
Don José María González de Castañeda fue hijo de José González de Castañeda e Ignacia Medina y Vela y éste último tuvo como hermanos a Juan Manuel, Gaspar, Joaquín, Manuel, María Juliana y Ana María González Castañeda.
Por lo que se refiere a José María, se casó dos veces: la primera con María Josefa Basauri, hija legítima de Tomás Basauri y Magdalena Cid; la segunda vez con María Antonia Ornelas y no tuvieron hijos.
En cuanto al primer dueño de las Haciendas de Cerro Gordo y Milpillas, Gaspar Ventura, suponemos que vino de México y tuvo como Hijo a José María de las nupcias con la Hija de María Antonia Castellanos Martínez.
Don Casimiro Franco, a través de su albacea testamentario, Rafael Jiménez, ratifica la transmisión sobre arrendamiento de uso de pastos en la Tinaja y Cerro Gordo por 1,000 pesos. Cantidad igual a los anteriores contratos también llevados con don José María Castañeda y Medina y don Antonio Aceves.
Don José María Castañeda y Medina otorga poderes a don Casimiro Maldonado, domiciliario de este obispado en 16 de Octubre de 1800.
El 5 de Enero de 1803 José María González Castañeda da poderes generales a don José Mariano Morelos Castañeda, de México.
En 12 de Enero de 1803 doña María Ignacia de Medina y Vela (Madre de José María Castañeda y Medina), esposa de José González Castañeda reparte bienes a tres de sus hijos.
Construcción de la Capillita.
La antigua Capillita fue construida a finales del siglo XVIII, en la visita pastoral de don Diego Velasco y Rivas a Tepatitlán el 19 de Junio de 1765, hacen mención de la licencia de la capilla de la Hacienda para celebrar la santa misa. Habiendo fundado la capellanía del dueño de la Hacienda, Don Gaspar Ventura González Castañeda. El libro de bautismos principia el 13 de Diciembre de 1792, día en que bendijo la pila bautismal el doctor don Manuel Cano.
Visita a la Hacienda por el Obispo Cabañas.
El 24 de Octubre de 1801, visitó la Hacienda el Señor Obispo don Juan Cruz Ruíz de Cabañas, refrendando la Licencia, celebrando el decoro y aseo con que se conservaba la pila bautismal y haciendo una serie de observaciones que posteriormente se relizáran: que sea sepultada la muchedumbre de cuerpos en la Iglesia, se ponga piso al templo, se forme un cementerio o camposanto con su correspondiente capilla para los fieles de esa parroquia y su debida anotación de nombres, apellidos paterno y materno.
La Trasquila durante la época de la Independencia.
Según señala el Historiador y doctor Jesús González Martín, en este tiempo la población de San Ignacio Cerro Gordo era el centro de reunión de guerrilleros insurgentes y frecuentemente asaltada por gavillas de bandoleros que tenían su fuente de ingresos en esa rica región; por lo que el Gobernador de la Nueva Galicia, Don José Manuel Delgado, con la cooperación del dueño de la Hacienda, Don Manuel González Castañeda, y del vecindario de Tepatitlán, ordenó se fortificara tan estratégico punto por ser el Cerro Gordo o El Picacho un lugar escogido desde tiempos muy anteriores por los guerrilleros y bandoleros para tener sus guardias y desde allí efectuar los asaltos. Comunicándole Delgado al General Cruz lo siguiente:
Con el objeto de la seguridad de la Trasquila más interesante en el día, cuando se deduce la abundancia de maíz que seguramente acopiarán, según lo sembrado, dispuse que a expensas de todos se procediese a la fortificación de que acompaño a V.E. el adjunto modelo...”
En su recinto quedarán comprendidas todas las fábricas de la Hacienda y con los dos baluartes queda en mi concepto bien definido. Si esta determinación que he tomado fuese de la aprobación de V.E. le suplico tenga a bien facilitarme dos cañoncitos cuyo transporte de esta ciudad a la Hacienda facilitaré yo en ahorro de los gastos de la Real Hacienda.”
El 26 de Septiembre de 1814 le contestó Cruz a Delgado diciéndole: “Que había visto los planos de la fortificación... Que los baluartes del citado plano eran defectuosos y hechos sin inteligencia, acompaño a Vuestra Majestad el borrador No. 1, que es igual, pero con los baluartes como deben estar...”
Los planos fueron remitidos al subteniente Anacleto García, oficial destacado de la hacienda para construír la muralla, tal como deseaba don José de la Cruz. Ese es el origen de la famosa muralla construída en 1814.
Para 1827 la Hacienda pertenecía aún a Don Manuel González Castañeda, estando valuada catastralmente en 30,000 pesos, siendo con el doctor Manuel Romero, dueño de la Hacienda de Mezcala y don José Antonio Aceves, dueño de la Hacienda de Guadalupe, los capitales más fuertes de la región.
Categoría de la Región.
En 1843, Cerro Gordo es elevado a la categoría de Villa, junto con las poblaciones de Mezcala, Mazatitlán, Guadalupe y san José de Gracia.
Adquisición de la Hacienda de la Trasquila por don Manuel Castañeda.
Existen cuatro documentos todos por comparecencia ante escribano público en la Ciudad de Guadalajara, Jalisco que muestran cómo adquirió don Manuel Castañeda esta Hacienda. El Primero se refiere a la escrituración y sus créditos a pagar; el segundo menciona el convenio por cantidades a pagar; el tercero junta de actividades como consecuencia de que se encuentra en garantía de hipoteca la Hacienda, y el cuarto señala la procedencia del dinero para comprar la hacienda por su anterior dueño José María González Castañeda y Medina.
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| El Coro de San Ignacio |
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Profesionalismo, entrega y pasión por el canto, así es el Coro San Ignacio dirigido por el Sr. Jesús Ríos
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Tradiciones:
Los Velorios |
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Los velorios en San Ignacio tienen una historia y costumbres propias y bien definidas.
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